
Ubicada en Fusagasugá y con una historia que se remonta al siglo XVIII, esta casona colonial ha sido testigo de distintas etapas del país y de la vida rural en Colombia, conservando en su arquitectura y en su entorno la esencia de una época que aún se siente presente.
Durante años, la casona fue testigo de momentos de unión, crecimiento y alegría familiar. Sin embargo, como ocurre con el paso del tiempo, su dinámica cambió: menos encuentros, menos vida en sus espacios, que han llevado a la reinvención de su propósito.
En 2019, con una visión práctica pero respetuosa de su esencia, la Hacienda inició una operación sencilla como espacio de alquiler, abriendo sus puertas a viajeros que buscaban descanso, celebración o conexión. La respuesta fue inmediata: grupos de amigos, familias, matrimonios y viajeros individuales encontraron en El Novillero un lugar donde el tiempo parecía detenerse.
A lo largo de los años, la Hacienda ha pasado por diferentes manos y momentos, manteniendo siempre su carácter y su valor histórico. Hoy, esa historia encuentra una nueva forma de vivir: abrir sus puertas para ser compartida.
Más que un hotel, El Novillero es una experiencia. Un espacio donde el descanso se mezcla con la naturaleza, donde la arquitectura evoca lo colonial y donde las familias, los encuentros y las celebraciones encuentran un escenario auténtico y cercano a Bogotá.
Un refugio en medio de la incertidumbre
El 2020 trajo consigo una pausa global. Sin embargo, la Hacienda volvió a demostrar su capacidad de adaptación. Se convirtió en hogar temporal para una escuela de tenis, ofreciendo un espacio seguro, abierto y saludable para familias que buscaban resguardo y bienestar en medio de la incertidumbre.
El sueño que transformó la historia
Fue en ese mismo periodo donde tomó forma una visión más grande. Lo que inicialmente sería una restauración para el uso familiar, se transformó en un proyecto que hoy da vida al hotel boutique. Durante dos años y medio, manos comprometidas trabajaron con dedicación, respeto y cariño para rescatar la esencia de la casona; sus muros de barro, sus techos de teja, la madera que cruje con historia, cada espacio fue restaurado no solo para conservar, sino para emocionar.
Mucho más que un hotel… un lugar con alma
Hacienda El Novillero no es solo una edificación, es un territorio vivo. Sus tierras han sido escenario de trabajo agropecuario, de historias silenciosas, de generaciones que han encontrado en este lugar el centro de su vida.
Hoy, esa misma energía se traduce en una experiencia diseñada para el viajero actual:
- Un espacio para reconectar en pareja
- Un entorno para compartir en familia
- Un refugio para celebrar con amigos
- Un santuario para reencontrarse en soledad
- Un escenario perfecto para bodas y celebraciones memorables
- Un lugar perfecto para eventos corporativos únicos y propicios para reflexión y planeación.
Aquí el lujo se redefine. No está en lo ostentoso, sino en lo auténtico, en la calma, en el detalle, en la historia que se respira en cada rincón, mezclado con el mejor servicio y experiencias de descanso y naturaleza propios de la región. Cuenta con un SPA para relajarse y salir renovado y se encuentra inmerso en un entorno natural que invita a quedarse. Los visitantes pueden recorrer los alrededores en una vivificante caminata, realizar un recorrido en bicicleta o a caballo y respirar el aire de la región, rodeado de montañas que llaman al descanso y a respirar aire fresco.
Un destino que honra el pasado y abraza el presente
Con solo 13 habitaciones, Hacienda El Novillero ofrece una experiencia íntima, personalizada y profundamente conectada con su entorno. Un lugar donde cada huésped no solo llega a descansar, sino a formar parte de una historia que sigue viva.